miércoles, 19 de agosto de 2015

LAS PERSONAS TRANS SOMOS MÁS VISIBLES EN LA SOCIEDAD


Hace dos décadas no había un activismo sobre el tema de la diversidad sexual. Para la sociedad era malo ser transexual, te señalaban con el dedo y cuando caminabas por la calle debías soportar insultos. Era un asunto de homofobia y de desconocimiento.

La discriminación empezaba por la propia Policía, que cuando hacía redadas en las calles ponía en la misma celda a delincuentes y travestís. Allí eran violados y chantajeados por los propios uniformados.

Andes de 1993, cuando se despenalizó la homosexualidad, se nos maltrataba muy fuerte. En  los colegios, los muchachos eran botados por el simple hecho de expresar su homosexualidad abiertamente.


Hoy persiste la transfobia, el odio a los transgéneros, pero disminuye cada día.
Ha sido una muralla dura de derribar. Aquí en El Oro, hace cuatro años empezamos un proceso de visibilización. Con el apoyo de organizaciones no gubenarmentales iniciamos un proyecto de prevención del VIH / sida.

Se nos dio por primera vez un espacio a la diversidad sexual.  Por entonces, se formó la primera comunidad GLBT ( Gays , lesbianas, bisexuales, travestis y transgénero) de El Oro. Antes no teníamos una ventana para visibilizarnos. Luego de la comunidad GLBT, nos separamos en la Red Trans de El Oro. Fue interesante porque ya había dos grupos luchando por los mismos derechos.
Como Red Trans Agrupamos a personas transgénero, transexuales y travestis. Somos alrededor de 300 en la provincia.

Quienes integramos la Red nos consideramos una minoría sexual. Y debo decir que quienes tenemos más visibilidad somos quienes más presionamos por nuestros derechos.

A través  de la red Trans nos hemos capacitado en economía solidaria, en emprendimientos, con cursos y coloquios.

Ha sido necesario, porque nosotras trabajamos por nuestra cuenta y cuando queremos acceder a las instituciones financieras privadas para un préstamo, nos cierran las puertas. Tenemos 30 casos de compañeras que han denunciado, desde octubre, que la banca no les da facilidades. Me dicen que cuando van a un banco, les ven de pies a cabeza y les ponen trabas.

Debido a eso, con el apoyo del Movimiento de  Mujeres de El Oro conformamos nuestra propia caja comunitaria de ahorro. Somos, posiblemente, la primera en el país formada por transgéneros. Pese a ello no hemos querido ser excluyentes. Estamos abiertas a la participación de heterosexuales como socios.

La visibilización es más amplia ahora; la cobertura mediática ha ayudado, como por ejemplo con la cobertura de casos en los cuales se han cometido abusos. No es toda la prensa, hay que aclarar, porque todavía hay medios que manejan un discurso homofóbico.

Nuestra situación ha cambiado mucho desde los años noventa. Los primeros pasos los dio la anterior Constitución que ya proclamaba en el Art. 23 que las personas somos todas iguales en nuestros derechos.

La Constitución de Montecristi es más específica y abarcante,  reconoce la igualdad de derechos sin importar la orientación sexual.


El caso de Estrella Estéves es un ejemplo de los pasos que estamos dando. Ella pertenece a la Red Trans ecuatoriana y logró que se la considere legalmente mujer a través de su cédula. Es un caso visible, aunque hay muchos anteriores.

CAMBIO DE GENERO

En Octubre del 2009, Dayris Estrella Estévez Carrera acudió al Registro Civil de Turubamba (sur) para solicitar el cambio de género en su cédula de ciudadanía, lo cual fue aceptado con base en el derecho constitucional  del respeto a la identidad de género. Un año antes, el Registro le había cambiado su nombre )antes Rolan) por el de Estrella. Sin embargo, en el documento seguía constando como género masculino . este fue el primer caso de este tipo que se produjo en el país y dejó una puerta abierta para que otras personas en la misma situación. 

Redacción Machala – El Comercio.
Lastimosamente no tengo la fecha de publicación ya que es un recorte facilitado por Daniel Moreno.




domingo, 2 de agosto de 2015

EL SILICON DESTRUYE Y ASESINA


Dulce” (apodo ficticio) ya está lista para cambiar, se ha inyectado la ampicilina que le recetó una supuesta “experimentada” mujer trans de Yacuiba que viajó a Beni solo para someterla al procedimiento, también compró un antibiótico de amplio espectro que empezó a tomar 24 horas antes de la intervención para “evitar infecciones”.


“Dulce” tiene 38 años y hace al menos 12 años se puso por primera vez tres litros de silicona en los pechos, las nalgas y las caderas. Siente que el tiempo pasó y que necesita rejuvenecer su cuerpo y endurecer sus curvas. Se ha comprado cinco litros de silicona industrial a 150 dólares cada litro, la mujer que le colocará el “aceite” cobra 100 dólares por aplicar cada litro. Haciendo cuentas el costo de la “intervención” es de 1.400 dólares. Un precio “módico” para lucir pechos voluptuosos y un trasero redondeado y firme.

El momento ha llegado. El cuarto que alquila en un barrio olvidado de Trinidad es el lugar elegido. Una sábana blanca ha sido tendida sobre la cama y en una mesita están las cinco botellas de silicona, son blancas y tienen la tapa naranja, supuestamente las compraron en Argentina. Cinco jeringas para inyectar a caballos están listas, al igual que la anestesia, el alcohol y los algodones. La supuesta experta empieza a dibujar con un marcador cuadrantes en las nalgas de “Dulce” y después de elegir los lugares empieza a inyectar la anestesia y, luego de esperar unos 20 minutos, inyecta la silicona, esa sustancia, venenosa e imparable que una vez dentro recorrerá por todo el cuerpo.

Vanesa, una mujer trans de Cochabamba que se ha sometido a este mismo procedimiento, describe que “se siente como si te metieran un cuchillo, duele y arde, cuando me pusieron yo gritaba: ya no me metas más, ya no podía más, es un dolor horrible y ruegas que se detengan, lloras, gritas y te dan una almohada para que muerdas, el líquido entra ardiendo, quemando y te dan mareos y vómitos, luego te masajean y empiezan a amasar tu piel y a darle forma”.

Y es que las cifras (no oficiales) son amargas. Según la Red Trébol nueve de cada diez mujeres trans en Bolivia tienen en su cuerpo silicona industrial, muchas han quedado deformadas y esconden sus pechos sin pezones y sus nalgas moradas en las penumbras de la noche, entre las lentejuelas de sus vestidos y rellenando hábilmente con esponjas las curvas que quedaron deformes. Total, el horror y el dolor se mitigan con alcohol, nos dicen.