jueves, 5 de junio de 2014

COMO MUJER TRANS, YA NO ME MOLESTA LA DISCRIMINACIÓN.



Fue huérfana desde pequeña. Nació en el Oriente, se mudó primero a la Costa y luego a Quito, siempre con sus propios medios.
Dice que nunca ha sufrido por la discriminación o que en todo caso ya no le molesta. Siempre se sintió mujer y actualmente vive como mujer día y noche. Ya tiene cédula con su nombre femenino.

En el Camal tiene una peluquería propia desde hace dos años. Desde los quince o dieciséis se dedica a la belleza porque tuvo la suerte de que una amiga le enseñó casi todo. Ejerció ocasionalmente el trabajo sexual en La Mariscal, más por curiosidad que por otra cosa. Cuando me lo cuenta reconoce que no es una santa y me da a entender que en algún punto de la vida degustaba salir a coquetear. Pero no le gustó por pasar malas noches, tomando, siendo blanco d e múltiples agresiones.
Cuenta que siendo recién llegada a la ciudad salió a La Mariscal a trabajar. SE había comprado unos lindos zapatos blancos. Se le acercaron unas trabajadoras sexuales que le dijeron: o nos das los zapatos o te apuñalamos. Ella se los sacó, se puso los zapatos viejos y feos que l e dieron a cambio y prefirió no volver a trabajar más allí, aunque las ganancias eran buenas. Además., ella siempre contó con su trabajo de peluquera.

De su grupo de doce amigas también trans, quedan solo dos. Diez han muerto por distintos motivos: una con anemia, que trabajaba vendiendo bebidas en un bar y se dedicó solo a beber y no a comer, otras asesinadas en Colombia y Perú y otras por causas qu e no acabo de entender.

Cuando le pregunto por el Sida dice que no le tiene miedo. “¿O sea que te arriesgas a tener relaciones sin condón?” Me responde: “Depende, hay hombres que ya son conocidos y de los que no desconfió, pero con los otros sí. Antes me hacía exámenes de Sida cada tres meses”.

Me muestra un álbum de fotos y terminamos viendo todo tipo de eventos, celebraciones familiares, con compañeras del curso de belleza, fotos de sus amigas que se fueron a España e Italia, fotos con sus sobrinos, con sus hermanos, de paseo por un río, la cédula de una amiguita muerta.

Ha tenido dos compromisos, uno de ocho años y otro que duro menos y que la dejo mal, incluso económicamente, porque su pareja bebía y se drogaba mucho. Ahora está sacando a flote su peluquería y empezando a participar en una organización trans.

CHICAS OCULTAS TRANSITANDO A LA LUZ.
Cuatro mujeres transgénero se enfrentan a Quito.
Por María Elena Dávila
Fotografías: Martín Jaramillo.
Publicado en Revista Q – Mayo 2010.

No hay comentarios:

Publicar un comentario